La cultura de la alta tecnología desafía esos dualismos de manera curiosa. No está claro quién hace y quién es hecho en la relación entre el humano y la máquina. No está claro qué es la mente y qué el cuerpo en máquinas que se adentran en prácticas codificadas. En tanto que nos conocemos a nosotras mismas en el discurso formal (por ejemplo, la biología) y en la vida diaria (por ejemplo, la economía casera en el circuito integrado), encontramos que somos cyborgs, híbridos, mosaícos, quimeras. Los organismos biológicos se han convertido en sistemas bióticos, en máquinas de comunicación como las otras. No existe separación ontológica, fundamental en nuestro conocimiento formal de máquina y organismo, de lo técnico y de lo orgánico. La copia exacta de Rachel en el filme Blade Runner de Ridley Scott es la imagen de un miedo, de un amor y de una confusión ante la cultura del cyborg.”
Donna J. Haraway. Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Ediciones Cátedra. Universjtat De Valencia.
“¿No sabe, Deckard, que los hombres de las colonias suelen tener amantes androides?
—Eso no es legal —replicó Rick, que conocía las normas al respecto.
—Por supuesto que no. Muchas variaciones de la sexualidad no lo son. Y la gente las practica igual.
—¿Y si se trata de amor, y no de sexo?
—El amor es un nombre del sexo.
—Como el amor al país —insistió Rick—, o a la música.”
Phillip K. Dick. ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?
Te amo.
El tiempo que te he pensado,
también es un sueño
en él que te sigo amando.
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