Poesía

Tu voz es la espada que libera el silencio de mi alma.

domingo, 20 de octubre de 2013


“Farewell”
(Pablo Neruda)

"Desde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste como yo, nos mira.

Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.

Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.

Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.

Yo no lo quiero, Amada.

Para que nada nos amarre
que no nos una nada.

Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron tus palabras.

Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.

Amo el amor de los marineros
que besan y se van.

Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.

En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.

(Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.)

Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.

Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.

Amor que quiere libertarse
para volver a amar.

Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.

Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.

Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.

Fui tuyo, fuiste mía. ¿Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.

Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.

Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.

...Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós. "

 
 

Una frase con intención, es tan lapidaria como el olvido:
"Tu imagen es tan solo un recuerdo del cual puedo prescindir."

 
Nostalgia de la perplejidad y del desafecto: Bonnie Raitt –“I Can't Make You Love Me”


sábado, 4 de agosto de 2012

Despedida.

Guarda mi piel
tu agitado aroma,
tal como el viento
guarda la distancia
que nos separa.



 A veces los sueños terminan, aun cuando el amor permanece intacto; pero en la vida siempre se cierran ciclos que las lagrimas ya no pueden romper. Del legendario “The Joshua Tree”, producido por Brian Eno y Daniel Lanois, que incluye esa canción del desencanto, que causa el sentimiento de estar, y no: "With Or Without You"; U2, 1987. (QR)  

martes, 28 de febrero de 2012



"Yo he vivido porque he soñado mucho".
(Amado Nervo)



Sutiles notas que permiten consumar la unión de las almas que se funden en el abrazo perpetuo, donde los sueños escapan de la complicidad de la noche para convertirse en olas de mar de sol. Los sueños que tengo, son los que escapan a tus noches de insomnio mientras vuelas en mi ausencia. The Temptation ¿Para quién más puede ser? "Just My Imagination.” (1971)




domingo, 19 de febrero de 2012

Cerca y lejos.
(Gabriel Celaya)

Más allá del pecado,
indecible, te adoro,
y al buscar mis palabras
sólo encuentro unos besos.

En el pecho, en la nuca,
te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.

donde tu vientre es combo,
fugitiva tu espalda,
oloroso tu cuerpo,
te quiero.







Tuyo.

Hasta
ayer
solia
buscar
la
eternidad
imaginando
distancias.

Your song.

Mítica cancion de amor que ha trasciendido generaciones para permanecer en los sueños de quienes aman mas alla de la apariencia. Del álbum "Elton Jhon", escrita por Elton Jhon y Bernie Taupin en 1970, y según la revista Rolling Stone ocupa el puesto 136 de la lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos.

lunes, 2 de enero de 2012

El Otro Yo.
(Mario Benedetti)

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser íntegramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: "Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte, tan saludable".

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

Cuento del libro “La muerte y otras sorpresas" (1968).




Solo soy en apariencia lo que se ve, pero tengo un corazón que en esencia me hace humano; y que aun entre el desorden y el caos siente un inmenso amor por ti. Del álbum “Full Moon Fever”, obra conceptual con marcada reminiscencia “Heartbreakers”: aun entre la multitud siempre encontrare tus ojos, como la primera vez que te señalo el destino: “A Face In The Crowd”; Tom Petty. (1989)

lunes, 26 de diciembre de 2011

Deseada.
(Gabriel Celaya)

Deseada, ¡tan suave!,
confín donde resbalo.
¡Oh siempre un poco ausente,
suspendida en la nada!

¿Son tus ojos dulces?
No, que está turbado
tu mirar brillante
de anhelos contrarios.

Yo te amo, te amo, te amo,
todo lleno de alas tempestuosas,
y de garras, de furias,
de dolor, por abrirme.

¡Oh, tenme en tu sonrisa,
en tu sombra, en lo leve
de tu mano impalpable!
¡Tenme en tu caricia!

¿A qué llamas cambiando?
¿Qué me pides furtiva?
¡Oh tú, siempre ignorada,
tú siempre antigua y nueva!

Ven más cerca. No temas.
Tu mano tibia tiembla,
tu cintura se atreve
con sobresaltos, mía. ¡Mía, deseada!

Y aún sonríes con ojos
inocentes y raros.
¡Oh, dime! ¿Qué sugieren
tus ojos arcaicos?

Cabelleras, torrentes,
músicas perdidas,
corazón: esa ave
que, cogida, tiembla.

Y tú, esquiva, flotando
desnuda, lenta y suave.
Tú, chiquita, huida
en un cielo sin nadie.

¡Oh dime, deseada,
cómo hay que abrazarte
mientras tu boca expira
en la mía, sin habla!

Di si tu remota
belleza en tu cuerpo
puedo yo apresarla.
Puedo así matarte.

Deseada, ya basta.
Deseada, no puedo.
Deseada, tú quieres
que yo muera contigo.





Me ha atrapado en la distancia una piel de mar de sol, y en su silencio no necesito palabras, excepto el lenguaje que esconde el amor. Aroma y cadencia que conduce con alevosía mis sentidos hacia tus sonidos inteligibles que solo yo puedo descifrar. Del álbum “Tattoo You”, melodía de húmeda sensualidad que recorre los deseos de la piel: "Heaven"; Rolling Stones. (1981)

lunes, 12 de diciembre de 2011

Sólo en sueños. (Jaime Sabines) Sólo en sueños, sólo en el otro mundo del sueño te consigo, a ciertas horas, cuando cierro puertas detrás de mí. ¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan, y ahora estoy preso en su sortilegio, atrapado en su red! ¡Con qué morboso deleite te introduzco en la casa abandonada, y te amo mil veces de la misma manera distinta! Esos sitios que tú y yo conocemos nos esperan todas las noches como una vieja cama y hay cosas en lo oscuro que nos sonríen. Me gusta decirte lo de siempre y mis manos adoran tu pelo y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre. Pequeña y dulce, te abrazas a mi abrazo, y con mi mano en tu boca, te busco y te busco. A veces lo recuerdo. A veces sólo el cuerpo cansado me lo dice. Al duro amanecer estás desvaneciéndote y entre mis brazos sólo queda tu sombra. Es tarde para regresar el tiempo, pero no importa, porque los besos son la huella indeleble en la memoria de la piel. Esta noche, viejos sueños aniquilan este insomnio, y se mezclan en las notas que exacerban los recuerdo: “I'll Have To Say I Love You In A Song”, Jim Croce. (1973)